Esperanza en el futuro

 

Ya terminando el mes de marzo y después de dos marchas masivas realizadas a nivel mundial, el día 8 de marzo en conmemoración del día internacional de la mujer cuyo propósito es visibilizar las profundas injusticias que sufren cada día las mujeres de todo el mundo y el día 15 de marzo la marcha juvenil por el medio ambiente con el propósito de poner un alto a los profundos daños medioambientales que está sufriendo nuestro planeta producto de la inacción de los gobiernos.

 

Me pregunto ¿con estas marchas podemos tener esperanza en el futuro?, desde ya quiero decir que no, para tener esperanza en el futuro es necesario que entremos en pánico, que tengamos miedo por lo que está sucediendo, sólo así comenzaremos a actuar, actuar para terminar con las injusticias que sufren la mujeres en todo el mundo y actuar para terminar con los daños medioambientales provocados por los seres humanos en todo el planeta.

 

Entonces ante la pregunta inicial ¿qué esperamos del futuro? puedo concluir una sola cosa, debemos actuar, debemos poner en práctica la voluntad, basta de pensar tanto, basta de lamentarnos por lo que está sucediendo, es momento de actuar, debemos trabajar para solucionar AHORA los problemas que aquejan al mundo y solo así, solo así podremos tener esperanza en el futuro.  Tenemos que buscar la manera de dejar los egoísmos y miedos de lado para colaborar entre todos nosotros en forma consciente y ponernos al servicio de los demás.

 

 

Para su reflexión les dejo a continuación el siguiente poema

“El Placer de Servir” de Gabriela Mistral.

 

 

Toda naturaleza es un anhelo de servicio.

Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú;

Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú;

Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, acéptalo tú.

Sé el que aparta la piedra del camino, el odio entre los

corazones y las dificultades del problema.

Hay una alegría del ser sano y la de ser justo, pero hay,

sobre todo, la hermosa, la inmensa alegría de servir.

Que triste sería el mundo si todo estuviera hecho,

si no hubiera un rosal que plantar, una empresa que emprender.

Que no te llamen solamente los trabajos fáciles

¡Es tan bello hacer lo que otros esquivan!

Pero no caigas en el error de que sólo se hace mérito

con los grandes trabajos; hay pequeños servicios

que son buenos servicios: ordenar una mesa, ordenar

unos libros, peinar una niña.

Aquel que critica, éste es el que destruye, tu sé el que sirve.

El servir no es faena de seres inferiores.

Dios que da el fruto y la luz, sirve.

Pudiera llamarse así: «El que Sirve».

Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos

pregunta cada día: ¿Serviste hoy? ¿A quién?

¿Al árbol, a tu amigo, a tu madre?